¿Silla de pensar o rincón de las emociones?

¿Silla de pensar o rincón de las emociones?

Mucho hemos oído hablar de la silla de pensar. En muchos programas de televisión y en libros se explica su funcionamiento y en qué se consigue con esta técnica. Pero no a todo el mundo le gusta eso de dejar al niño sentado en una silla “para que piense…” ¿verdad? Y según qué edad tanga nuestro peque, va a ser muy difícil que aguante allí sentado y “piense” en lo que ha hecho.

El objetivo de esta técnica es eliminar conductas que no nos gustan, y se utiliza cunado no podemos ignorar esa conducta y, evidentemente, como alternativa al castigo (del cual hablaremos en otro momento).

La idea es sacar al niño de las condiciones ambientales en las que se está produciendo el mal comportamiento y trasladarlo a un lugar dónde no haya posibilidad alguna de que se distraiga con otras cosas. Por ejemplo: dos hermanos se están peleando en el comedor. Si continúan, les pedimos que se vaya a ese lugar de la casa llamado la silla de pensar, después de unos minutos podrá volver y seguir jugando. Así se supone que el niño entiende que ha hecho algo mal, porque “piensa” en ello y rectificará su comportamiento.
La pregunta es: ¿cómo entiende el niño que ha hecho algo mal? ¿qué alternativas le damos a ese comportamiento para que aprenda, por ejemplo, a compartir con su hermano/a?
Por estos motivos (y otros), nosotros preferimos acondicionar en casa un pequeño rincón al que le llamamos el rincón de las emociones. No se trata de poner al niño solo a “pensar” en una silla, ya que los sentimientos que se generan son negativos y no les ayudamos a aprender el comportamiento adecuado. Como decíamos antes, según la edad tampoco podemos proponernos que “piense”. Quizás ni siquiera saber qué ha hecho mal.

El rincón de las emociones puede ser un lugar tranquilo con cojines y cuentos, donde permitamos al niño relajarse y cuando lo haya conseguimos, le diremos que puede volver a jugar, explicándole las normas y lo que se espera de él, ofreciéndole así una alternativa al mal comportamiento.
Y ahora ¿qué eliges? ¿silla de pensar o rincón de las emociones?

Susana Mayorgas
Psicóloga infantojuvenil
Col. Nú. 17501